La construcción

La construcción es un pequeño habitáculo que dentro del taller parece enorme. Está concebida como un lugar en el que la luz entra controlada, conducida, sigilosamente; como con respeto. La luz sabe que sin ella, ese lugar no es nada, y cree que todos los huecos y resquicios que se comunican con las fachadas de la construcción están hechos y pensados para que ella entre. Por eso entra, entra con sigilo, pero con la gallardía y seguridad  – no petulancia – de quien  se siente reverenciada y admirada en el lugar que visita, y allí se encuentra a gusto. Está en su casa, y para cualquiera, resultará difícil en adelante, imaginarse ese lugar sin su presencia.

El constructor, en su proyecto, ha pensado en ella, como el elemento constructivo más importante. Conoce, en lo que ha experimentado, su poder de invadirlo todo. Y sabe, que si quiere controlar la construcción, debe tratar de controlar la luz, abriéndole y cerrándole el paso según el interés de la idea primigenia.
Hará todo esto tratando de resaltar su maravillosa magnificencia intangible y la envidiable adaptación al lugar que ocupa.
El constructor al ir ordenando los espacios interiores va a buscar la mejor cohabitación entre la luz y su ausencia. Aparecerán  entonces definiciones puras y esfumados. Y se enamorará del espectáculo, sentirá la necesidad de crear otros espacios nuevos donde pueda contemplar y participar de un nuevo acto de amor.

 

EL ORIGEN DE LA CONSTRUCCIÓN. O de como un constructor de objetos, en los que la luz y su ausencia conviven, decide cambiar la escala de uno de sus proyectos para experimentar lo que pasa allí dentro.

 

 

LA CONSTRUCCIÓN I. ( el primer experimento)

 

En principio, el constructor sólo construye objetos, objetos que puede controlar por su tamaño y podrá almacenar. Pero la vigilancia de esos objetos, el asomarse dentro y el crecimiento horizontal de alguno de ellos, buscando, entre otras cosas, un triedro trirectángulo, como el mejor delator del espacio y de la luz que conforma ese espacio. Le provoca la necesidad de hacer crecer alguna construcción.

Quiere saber también, que pasa con esos artefactos cuando se mira desde el lado oscuro. De dentro a fuera.

Cuando el constructor comienza su edificación, sabe que va a partir de un gran cajón de caras paralelas al que tiene que hacerle una entrada para poder meterse dentro. Lo va a hacer diez veces mayor que las otras cajas ya experimentadas. Eso, apenas va  a dejarle espacio para moverse por el taller. Pero la escala, a pesar de todo, es acogedora y como el material con el que ha decidido acometer la empresa es liviano pero rígido, todo resulta, en cierto modo, manejable. Cortar y pegar.

LOS PROBLEMAS. o el control de la luz en el interior.

El hueco de entrada deja pasar una luz que lo invade todo y el constructor necesita crear una zona de penumbra donde situar la ansiada cámara oscura, su primer experimento con la luz. En un principio piensa en el laberinto, pero no hay espacio suficiente para dejar atrás la luz. Ensaya entonces con otros obstáculos; paneles de suelo a techo, dispuestos en cig-zag,  para que la vayan frenando. Se harta de cambiar sus anchuras, sus inclinaciones y sus posiciones. Pero la luz es ambiciosa o, digámoslo amablemente, curiosa, y cuesta moldearla.

Por otra parte, las ranuras que desde fuera, en las pequeñas construcciones, se ven como una línea negra; desde dentro, en la construcción habitable, son estrechas ranuras pero

la luz que entra por ellas se expande invadiéndolo todo. Piensa en como resolver esto y comprueba que la única forma de que la luz no se expanda con un acceso directo – esto es, entrando sin rebotes- es la de que entre conducida, entre dos planos paralelos, el sándwich de luz. Ve la entrada en sándwich como solución, pero tendría que cambiar radicalmente la concepción de la pieza y no está dispuesto, ya que esta solución requiere un espacio del que no dispone. Esto hace que deseche cualquier pretensión de franja horizontal de acceso directo desde el exterior; es decir, deja aparcada la idea de poder experimentar la visión del espacio exterior desde el interior, con la máxima del vigilante. Ver sin ser visto

Para poder ver una vertical de luz necesita rebotarla varias veces, conducirla, pasearla por lugares estrechos, hasta hacerla llegar a la ranura solo visible desde el interior